Don Andrés produjo durante su vida una larga serie de cuadros donde la temática de agua se entreteje con la vida de las mujeres. Pueblan este universo pictórico, mujeres reales y fantásticas, tiernas, sensuales, trabajadoras y batalladoras.
Mujeres de amplias caderas, voluptuosos pechos y actitud desenfadada y plena al borde de puquios y ríos nos remite al agua como un aliciente para la sensualidad y una invitación para entrar al mundo paralelo y fantástico de “Las duendes”.
La lluvia, sensual y querendona, vuelve verdes los campos cajamarquinos y nos devuelve la esperanza de la buena cosecha y la alegría de una buena mesa servida con tiernos choclos. La alegoría de la madre tierra fecundada por la suave lluvia es clara en “Lluvia sobre la Pachamama”.
El artista también nos habla en sus lienzos del agua en la vida cotidiana unida siempre al trabajo de las mujeres. El agua aparece entonces como recurso para lavar o cocinar, para dar de beber al viajero, para regar el jardín y en el duro quehacer de “acarrear” o cargar agua, labor que realizan miles de mujeres y niñas en las zonas rurales en el mundo. Y en el descanso la alegría se viste de transparencias cuando el agua corre por los cuerpos femeninos en “El baño” quitando el cansancio y devolviendo la vitalidad.
La ausencia del agua se vuelve presencia triste y desesperanzada en “Sequía”. Un cuadro que nos recuerda que sin ella la vida no es posible. Don Andrés nos susurra al oído “No cabe duda: somos seres de agua”.